jueves, 31 de marzo de 2011

Aire

Y seguí espirando mas y mas, hasta que sutilmente me sentí ligera, ágil, sin cuerpo.
Fui una brisa suave moviendo las hojas de los árboles, acariciando tu rostro, moviendo tu pelo, esculpiendo tu cuerpo y entré por tus poros convirtiéndome en ti mismo.
Salí distinta y subí alto a jugar con las nubes, esas de primavera, blancas sobre cielo azul.
Y observé curiosa el trasiego de la ciudad, con sus prisas y afanes urgentes.
Una gaviota un poco mas abajo me invitó a bajar planeando lenta y majestuosa hasta la playa.
Y quise jugar: empujando veleros, sosteniendo cometas, creando las olas de los sulfistas.
Rozando la arena, inspirando hondo volví a ser yo misma…

lunes, 14 de marzo de 2011

Vidas prestadas

Durante los tres años en los que viví en el piso sexto primera nunca me imaginé que un día tendría que subir un piso más para llegar a mi domicilio, y que desde la terraza del mismo podría ver Barcelona desde una perspectiva más amplia y disfrutar de cielos estrellados y lunas llenas que penetraban en la estancia principal iluminándola de blanco y plata.

Pero así fue y así comenzó mi gran afición a la distribución y decoración de espacios reducidos. El apartamento constaba de recibidor, un largo pasillo, baño, cocina, dos habitaciones, y terraza. Unos treinta metros cuadrados interiores y dieciocho exteriores.

Al primer golpe de vista las dos habitaciones se redujeron a una sola estancia que compusieron un ambiente único que de día era sala de estar con despacho, salón y comedor, y de noche dormitorio con capacidad hasta para ¡tres! personas, gracias al sofá cama de metro veinte y al diván que en realidad era una cama individual vestida de sofá.

La cocina diminuta, de baldosas blancas con una cenefa de dos bandas, una gris y otra roja, tenía todos los electrodomésticos a tamaño casa de muñecas, pero en ella se podía cocinar incluso para ocho personas.

El baño, de sanitarios verde oliva, era más pequeño aún, pero completo, con ducha de setenta por setenta, lavabo, inodoro, bidet y una pequeña estantería de obra y baldas de cristal que una verdadera ¡cucada!

El recibidor era el primer espacio que delataba con descaro los gustos de la dueña de casa con sus dos cuadros: el ”Ramo” y la “Paloma” de Picasso, ambos adquiridos en las cercanas tiendas para turistas de la Sagrada Familia.

El largo pasillo no podía albergar estanterías pero sí pudo alojar dos pequeños taquillones gemelos y una serie de carteles de Toulouse Lautrec que recortaban el camino hacia la estancia principal que se abría a la generosa terraza donde un enorme toldo casi fijo protegía del sol y la lluvia, y donde los arbustos y las plantas de temporada se distribuían en grandes maceteros que adornaban de alegres colores todo el perímetro de la zona.

La terraza tenía también un gran armario de obra de media altura donde se había instalado la lavadora y una especie de trastero, todo ello oculto tras una cortina de loneta blanca. Encima mas maceteros y plantas que trepaban por unas rejas adosadas a la pared.

Aquél ático coqueto, alegre y con un toque femenino enamoró a la primera pareja que lo visitó después de concertar una cita con la inmobiliaria que gestionaba su venta cinco años después de su reforma e inauguración, cuando la vida puso de nuevo en mi camino un lugar para adecuar a mi antojo.

jueves, 3 de marzo de 2011

In Memoria

El abuelo

Siempre fue presumido el abuelo José María. Ha cumplido los noventa años hace
unos días y sigue acicalándose con esmero: el pelo gris no demasiado corto en la parte de la nuca y en la frente prominentes entradas, la barba rasurada como recién afeitada y tonificada con alter shave, y colonia. Se viste de tonos grises o marrones; pero nunca mezclados
Su metro sesenta de estatura y su poco peso, se van encogiendo poquito a poco.
Lleva boina y un bastón, en el que a veces se apoya y otras lo usa para señalar las cosas y las direcciones.
Durante toda su vida se ha curado en salud: abrigándose y medicándose para no ponerse “malico” Le gustaba ir al médico, que le hicieran análisis y pruebas y que le dijeran que de ese achaque no se iba a morir. Tenía una caja con todo tipo de remedios para esto y para lo otro y a la primera tos se metía en la cama porque tenía mal cuerpo… Cuando alguien en casa estaba enfermo, le cuidaba y vigilaba con esmero y comprensión, solidario y cómplice de sus dolencias.
Ahora ya quiere menos tratos con los médicos y mejor ni acercarse al hospital, por si acaso no le dejan salir…
Es parlanchín y habla con todo el mundo, sobre cualquier tema. Últimamente cuenta historias de su infancia y juventud en su Calatayud natal, o de anécdotas de su vida como cartero en Barcelona; lo cuenta muy alto, porque no oye bien y tiene una relación de necesidad y desprecio con el sonotone, que la manifiesta perdiéndolo constantemente.
Con las gafas a media nariz lee el periódico absorto y moviendo la barbilla como si pronunciara las palabras. Está perfectamente informado y con opinión de la actualidad; pero lo que realmente le apasiona son las quinielas de futbol. Todas las semanas dedica largos ratos a hacer combinaciones para con muy pocos euros comprar la ilusión del viernes, porque el sábado todas sus combinaciones empiezan a fallar y decide que ya no va a jugar mas, hasta el próximo martes, cuando volverá a cavilar de nuevo y vuelta a empezar.
Cumplió 92 años y un mes el 28 de Febrero del 2011 y decidió irse…

Descanse en paz.