lunes, 25 de julio de 2011

El e-book



Ayer fue el cumpleaños de mi Hijo, y como fue el día que yo le traje al mundo, también es mi día, el día de la madre.
Yo le regalé esto y lo otro.
El me regaló un e-book.
Por delante tengo la farragosa tarea de hacerlo funcionar. si lo consigo presiento que va ha haber un antes y un después en mi relación con los libros y la lectura.
Una revolución: visual, táctil, olfativa y cuantitativa.
Fantaseando con mi juguete mágico, imagino como serán las futuras librerías. ¿y las bibliotecas?
Cambiaran, de eso no me cabe la menor duda, como han cambiado los albunes de fotos, las rotativas de los periódicos, las máquinas de escribir, o mil cosa mas, que en un corto periodo de tiempo, como sin darnos cuenta han pasado a ser de otra manera.

martes, 12 de julio de 2011

La importancia de llamarse Rodolfo

Me llamo Rodolfo como mi padre, y mi abuelo. En mi familia es una tradición poner Rodolfo al primogénito varón, tradición que se repite generación tras generación desde tiempo inmemorial.

De pequeño me gustaba mi nombre porque era el único niño en el colegio en llamarse así y todos me conocían por Rodolfo a secas, cosa que no le ocurría a mi hermano menor, de nombre Antonio, a quien le llamaban por el apellido lo que le molestaba mucho y yo le hacía rabiar siempre que podía. Además, mis amigos me llamaban Rudy y ese diminutivo me hacía sentir importante porque me sonaba a extranjero.

Sin embargo, el día que cumplí 12 años aprendí que todos esos privilegios que me otorgaba el nombre, tenían un precio. Ese día mi padre me vino a buscar a la salida de clase y me llevó a su despacho. Mi padre es abogado y está al frente de un prestigioso bufete que se encarga de los asuntos jurídicos de las empresas más importantes de la ciudad. En la puerta figura una placa donde pone Rodolfo García Valdeávilas, abogado, puesta hace mucho tiempo por mi tatarabuelo, el fundador del bufete, y que, ha permanecido inalterada a través del tiempo ya que al ser nuestro primer apellido compuesto hace innecesario el segundo. En el pasillo cuelgan los retratos de nuestros predecesores, todos ellos señores serios, morenos, de cara redonda y con un enorme bigote de puntas curvadas hacia arriba. Mi padre me enseñó un espacio destinado en un futuro a mi retrato ya que al ser el primogénito y llamarme Rodolfo, estaba predestinado a seguir la saga familiar y me dijo que debía aplicarme en mis estudios, cursar Derecho con las mejores notas y llevar a cabo diferentes cursos de especialización en el extranjero para desempeñar mi oficio después con la máxima competencia.

Me quedé tan sorprendido que no dije nada. Nunca hasta entonces me había planteado mi futuro ni pensado qué me gustaría ser de mayor pero desde aquel día no he dejado de darle vueltas y ahora que tengo 16 años, próximo a cumplir 17, sé con certeza que no quiero ser abogado, que no tengo temperamento para estar encerrado en un despacho. Soy una persona inquieta que me gusta moverme y relacionarme con los demás. Quisiera estudiar periodismo y ser reportero, viajar a lejanos países y conocer diferentes culturas. No sé cómo reaccionará mi padre el día, cada vez más cercano, en que se lo diga. No comprendo cómo pueden disponer de mi futuro por el simple hecho de ser el primogénito y de llevar el dichoso nombre sin tener en cuenta mis preferencias ¿No se da cuenta mi padre que mi retrato en el pasillo desentonaría? Yo me parezco a mi madre, soy rubio, de ojos azules y rostro anguloso. Mi hermano es más apropiado que yo, él sí, él se parece a mi padre, es moreno y le gusta pasarse horas y horas sentado leyendo. Sí, ya lo sé! Él no es el primogénito. Él no se llama Rodolfo. ¡Qué envidia me da! Cómo me gustaría llamarme Antonio!

lunes, 4 de julio de 2011

Objetos

Yo soy tu intima amiga, yo soy tu mejor compañera, yo soy tu mas solicita cuadadora, yo soy tu amorosa madre, yo soy tu misma.
Por eso recuerdo tu nacimiento, tan pequeña y vulnerable, tan enfadada y llorona.
Fui la primera en sostenerte.
Día y noche te acurruqué en mi, sentí tu crecimiento centímetro a centímetro.
En todas tus fiebres y enfermedades, estuve contigo, siempre acogedora y cálida. Midiendo tus pulsaciones, tu ritmo cardiaco, tu temperatura.
Supe de tus amores de adolescencia. Observé con alegría como descubriste el amor por primera vez, y el gozo de las siguientes.
Vi salir de tu vientre a tus hijos, y te acompañé en las noches de lloros y biberones
Te dí descanso en las noches de insomnio. Oí llorar tus duelos y noté la humedad de tus lágrimas
Sé de tus sueños y pesadillas mas que tu misma.
Y cuando todos se vayan, porque así es la vida, yo me quedaré contigo.
Te acompañaré en tu vejez y también en tu muerte, porque yo, yo soy tu cama.